Aún recuerdo aquel 25, 26 y 27 de julio de aquel año… días en los que dejé de existir completamente. Días en los que toqué fondo de la manera más cruel y despiadada. Días en los que navegué en las profundidades de mis tristezas. Días en los que sentía asfixiarme por mi mismo. Días en los que descuidé mi ego y pasé a convertirme en una persona sin amor propio. Y parece mentira; pero en realidad, todo fue mi bendita culpa.
Sigue en mi mente esa noche llena de sombras donde deambulé sin destino alguno por todos los lares que me vieron crecer. Noche donde desdibujé mi yo y pasé a transformarme en un ser que nunca quise ser. Noche donde las lágrimas fueron la mínima expresión de mi pesar. Noche donde trastabillé millones de veces no logrando nunca levantarme. Noche donde las fuerzas terminaron de abandonarme en una fría y triste cama; cama que fue testigo de todo lo que sentí por ti y de lo que causó tu partida.
¡Ah! Se me vino a la memoria aquellos colores con los que empecé a cerrar ese capítulo en mi vida: Celeste y blanco. Colores donde dejaste tu aroma que terminó por enterrarme en lo más profundo de mi ser. Colores que provocaron un desconcierto total en los que me rodeaban. Colores donde te veía tan pura y delicada. Colores que hicieron que todo lo que vivimos se venga a mi mente en menos de un segundo. Colores que resucitaron a una convaleciente persona que pedía a gritos que se termine aquella bendita noche.
Sigue en mi mente esa noche llena de sombras donde deambulé sin destino alguno por todos los lares que me vieron crecer. Noche donde desdibujé mi yo y pasé a transformarme en un ser que nunca quise ser. Noche donde las lágrimas fueron la mínima expresión de mi pesar. Noche donde trastabillé millones de veces no logrando nunca levantarme. Noche donde las fuerzas terminaron de abandonarme en una fría y triste cama; cama que fue testigo de todo lo que sentí por ti y de lo que causó tu partida.
¡Ah! Se me vino a la memoria aquellos colores con los que empecé a cerrar ese capítulo en mi vida: Celeste y blanco. Colores donde dejaste tu aroma que terminó por enterrarme en lo más profundo de mi ser. Colores que provocaron un desconcierto total en los que me rodeaban. Colores donde te veía tan pura y delicada. Colores que hicieron que todo lo que vivimos se venga a mi mente en menos de un segundo. Colores que resucitaron a una convaleciente persona que pedía a gritos que se termine aquella bendita noche.
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Antes buscaba una salida a la situación terrible que nos tocó vivir. Hoy que encontré la salida en este difícil laberinto siento que los recuerdos se empeñan en tratar de recordarme lo difícil que me costó superarlo.
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Antes buscaba una salida a la situación terrible que nos tocó vivir. Hoy que encontré la salida en este difícil laberinto siento que los recuerdos se empeñan en tratar de recordarme lo difícil que me costó superarlo.
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